Archidiocesis de Madrid – La Iglesia de Madrid se une en oración contra la trata: «Niega la dignidad humana y convierte a las personas en instrumento».


Más de 300 personas se reunieron ayer, miércoles 11 de febrero, en la parroquia San Juan de la Cruz para celebrar la Vigilia de Oración contra la Trata de Personas. No fue solo un acto litúrgico, sino la expresión de una Iglesia que se niega a acostumbrarse al sufrimiento de tantas personas víctimas de explotación.

Convocada por la Comisión Diocesana contra la Trata, la vigilia se convirtió en un espacio de silencio, escucha y compromiso compartido frente a una de las formas más crueles de vulneración de los derechos humanos en nuestro tiempo.

Una vela por cada continente

En el marco de la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata, celebrada en la memoria de Santa Josefina Bakhita, se encendió una vela por cada continente como signo de comunión universal y de esperanza. La vida de esta santa, que sufrió la esclavitud y transformó el dolor en fe, recordó que ninguna persona nace para ser utilizada y que la dignidad humana es inviolable.

«La trata de personas es una herida muy grande en nuestra humanidad. Niega la dignidad y convierte a las personas en instrumento», afirmó Vicente Martín, obispo auxiliar de Madrid, durante su reflexión.

El obispo invitó así a mirar esta realidad con los ojos de la fe y de la responsabilidad social: «La paz comienza con la realidad. Solo es posible cuando la dignidad de cada persona es respetada».


También llamó a resistir las dinámicas que despersonalizan y reducen a las personas a mercancía: «Estamos llamados a resistir todo mecanismo que convierte a las personas en objeto. Cada persona es hija amada de Dios y su dignidad no puede ser negociada».

Durante la celebración se elevaron oraciones por quienes sufren explotación sexual, laboral, matrimonios forzados y otras formas de esclavitud contemporánea, realidades presentes en todos los países y culturas y que afectan especialmente a mujeres, niñas y niños.

La vigilia concluyó con un envío esperanzado: que la oración se traduzca en compromiso concreto, en denuncia profética y en cercanía con quienes han visto vulnerados sus derechos. Porque frente a la trata, la Iglesia lo afirma con claridad: la dignidad no se vende.





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