Archidiocesis de Madrid – La Iglesia en Madrid se une a la vigilia mundial por la paz convocada por el Papa: Estas son las intenciones para incluir en la oración de los fieles


Señor Dios, cuya misericordia no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable, escucha las súplicas de tus fieles y haz que la paz de Cristo resucitado renueve su vida y los llene de la alegría verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.


 «Que seamos en medio de nuestro mundo artesanos de paz»

En Madrid, este mismo espíritu de paz ha impregnado la Semana Santa. El cardenal José Cobo, ha convertido la paz en uno de los hilos conductores de sus homilías a lo largo de todos los días grandes de la Semana Santa.

Desde el Domingo de Ramos, el cardenal planteó la paz no como un deseo piadoso, sino como una exigencia activa del seguimiento cristiano. «Jesús entra en Jerusalén desarmado», recordó. «No solo como un gesto humilde, sino como una propuesta para el mundo. Él inaugura un camino distinto: el de la paz que no se impone, sino que se construye; la paz que no nace del dominio, sino de la entrega». Y añadió con claridad: «No basta rezarla. No basta desearla. Hay que trabajarla».

En el Jueves Santo, la Eucaristía se convirtió en el marco desde el que el cardenal José Cobo llamó a «ser sembradores de paz». «Quien participa en la Eucaristía no puede alimentar divisiones, violencias o enfrentamientos», subrayó. «La mesa del Señor nos educa en la reconciliación». Alimentados por el mismo pan y lavados por el mismo amor —decía—, los cristianos salen al mundo «para sembrar la paz que nace del lavatorio».

El Viernes Santo, ante la cruz, el cardenal Cobo planteó una pregunta directa a los fieles: «¿Del lado de los que alimentan la violencia o del lado de los que construyen paz?». Y al venerar la cruz, invitó a pedir en silencio por los crucificados del mundo de hoy: «Que no nos acostumbremos al dolor de los inocentes. Que aprendamos a ponernos siempre del lado de las víctimas. Y que, con tu gracia, seamos en medio de nuestro mundo artesanos de paz».

Por último, en el Domingo de Resurrección, reflexionó sobre la naturaleza de la paz cristiana, citando expresamente al Papa León XIV: una paz «desarmada y desarmante», que «no es pasividad», sino «una fuerza transformadora». «Empieza en nuestras comunidades, cuando dialogamos. Empieza en nosotros, cuando perdonamos», afirmó el cardenal. Y concluyó mirando al mundo: «Si el mundo quiere ver al Resucitado, tendrá que verlo en nosotros siendo hombres y mujeres de paz».





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